El gaucho fue primero un emblema de las clases
populares y más tarde un símbolo de argentinidad. Muchas veces recrear su
figura de fines del siglo XIX en nuestra región, obedecía a la fantasía de los que
lo ilustraban y no a la realidad.
La foto del “Viejo” Burgos, tomada en mayo
1899, es una pieza auténtica del verdadero criollo, donde se destaca el
realismo en la forma de vestir y los elementos de uso tradicional.
Pava de hierro fundido, mate galleta, guitarra
con clavijero moderno, ya no de "ensartar la clavija" sino con
sistema mecánico al costado, chambergo, saco, chiripá de paño, botas de potro
despuntadas, espuelas y alzaprimas de plata. El poncho es de tejido pampa auténtico.
Los de manufactura inglesa, imitando a los pampas, trabajados en telar casero,
tuvieron un auge tremendo debido al bajo costo de la industria británica. Este
motivo determinó que se hiciera muy fácil su venta a pesar de que no podían
competir en calidad con los auténticos, hechos a mano, con lana elegida y
tintas naturales.
Burgos, trabajaba como peón en la estancia “El Balde”, de D. Federico Bunge quien
fuera intendente de Juárez en el 1900. Un año después es designado presidente
del cuerpo deliberativo. En esa gestión comienza una crisis política y queda
como intendente por solo un mes, dejando el cargo por razones de salud,
falleciendo a los pocos meses. Federico era hermano del Coronel Rodolfo Bunge, quien
da nombre a la localidad en la ex estación de tren.
El valor de la imagen del juarense Burgos, lo
recoge Paladino Giménez, ubicándolo en la tapa de su libro "El
Gaucho" donde el autor presenta una documentación meticulosa de la forma
de vida y del traje del gaucho, con un completo texto explicativo. Muchas de
las imágenes reproducidas fueron tomadas por excepcionales fotógrafos tales
como Ayerza, Panunzi o Gonnet. El retrato notable del viejo Burgos, figura en
la publicación con origen desconocido.

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