El
acto religioso y el civil del casamiento fueron perdiendo terreno en la
sociedad juarense. Claro está que el primero de ellos es el más afectado. La
ilusión femenina del vestido blanco, el temor masculino de desfilar y una
ceremonia religiosa numerosa, eran las expectativas de ese día trascendente en
sus vidas.
Hablar
de la iglesia en un casamiento, de hace no tanto tiempo, es recordar un
verdadero deporte de alto riesgo. El templo era un ambiente cargado de
solemnidad, olor a cera derretida y una tensión acústica que, si se te caía una
moneda al piso, sonaba como un bombazo y te ganabas la mirada asesina de tres
tías abuelas en simultáneo. Todo el mundo caminaba en puntitas de pie, con
miedo de despertar a alguna entidad milenaria... o al cura.
El
novio llegaba 45 minutos antes. Tenía una sonrisa congelada que no era de
felicidad, sino de puro pánico. La novia iba a llegar tarde. No era un retraso,
era un dogma de fe. Mientras tanto, el novio se transpiraba el peinado con Lord
Cheseline, y el cura leía el libro de misas por octava vez, poniendo cara de "a
mí no me pagan por hora".
Se
abrían las puertas gigantes de madera y la escena era digna de película. El
novio veía una nube blanca celestial y le caía el clásico lagrimón de emoción.
Pero las invitadas... desplegaban su scanner X de alta precisión: "Encaje
francés, corte princesa, dos metros y medio de cola... lo hizo Nora Raya,
Negrita Blasco, Nora Peroggi?, esa tela es carísima y preparate para el drama
cuando le vuelquen el primer vaso de vino tinto en la fiesta"
comentaban.
El
cura tiraba la pregunta del millón y se creaba un vacío espacio-temporal. Si el
"sí" salía medio finito o ahogado, la tribuna de invitados soltaba el
aire de golpe, las tías se secaban la lágrima con un pañuelito de tela con
encaje y arrancaba oficialmente la fiesta.
VAMOS
A LOS NÚMEROS
Porque
esta columna, de alguna manera lo exige, debemos remontarnos a la historia para
trazar algunas comparaciones, donde se demuestra que la caída en el “sí,
quiero” es importante. Los datos son del matrimonio civil, el legal, ese de la
libreta que se exhibía a la salida del Registro Civil, en medio de la lluvia de
arroz. El promedio histórico de uniones matrimoniales entre 1925 y 1940 estaba
alrededor de los 80 anuales. De allí en adelante aparecieron oscilaciones
alrededor de esa cifra. Claro está que para tener una información actualizada
de los casamientos en Juárez y su comportamiento debemos tomar las estadísticas
de los últimos años y allí nos encontramos con que la disminución está en casi
el 30 por ciento, si tomamos los 54 de 2022 y los comparamos con los 39 de
2025. En lo que va del año se casaron 27 parejas.
Desglosando
los últimos datos debemos señalar que para la tendencia no tomamos el año 2020,
porque la pandemia hizo que solo se concretaran 23 uniones. En 2021 fueron 53
ceremonias; al año siguiente llegaron a 54 y la novedad fue que con la nueva
legislación que habilitó el matrimonio igualitario, se concretaron dos
casamientos entre personas del sexo femenino. En 1923 fueron 51 las uniones
matrimoniales y una de ellas fue entre dos masculinos. En 1924 llegaron a 52
casamientos y en 1925 solo 39 y una de ellas fue de dos personas del sexo
femenino.
Tal vez el “sí, quiero”
de antes, se transformó en la convivencia y el “vamos viendo” de ahora.

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