Las opiniones y los criterios
cambian con los tiempos. Hoy sentimos nostalgias por las viejas ramblas de la
ciudad, pero en 1961, en la creencia de que “la modernidad” estaba dada en las
grandes avenidas, se las suprime. Ya a mediados de 1958 los vecinos de la
avenida Echeverría, pedían la eliminación de las ramblas centrales y las
palmeras, para destinar ese espacio al estacionamiento. Y no solo estaba la
decisión del gobierno municipal, sino el apoyo de la Cámara Comercial y los
vecinos que no dudaron en hacerse cargo de costear esos trabajos y el pavimento
que se iba a aplicar.
El 5 de enero de 1961, el Concejo Deliberante
resuelve eliminar las ramblas ubicadas a lo largo de la Avenida Libertad -
Alsina. Lo hace entendiendo el consenso existente entre las instituciones que
se pronunciaban por llevar adelante esa obra y también por los vecinos, que
asumen pagar los costos de los trabajos a realizarse. La Ordenanza, que firma
el presidente del cuerpo, Dr. Manuel Labriola, y aprueba el Ejecutivo, disponía:
“Declarar de utilidad pública la eliminación de la rambla existente en la Av.
Libertad y Alsina entre las calles General Paz - La Rioja y Almafuerte -
Pellegrini de la planta urbana de Juárez y su posterior acondicionamiento”. El
costo de los trabajos era a cargo de los frentistas. Se abrió un registro de
oposición y llamado a licitación para la ejecución de los trabajos. Asimismo,
se dispuso realizar un censo de la zona a pavimentar para establecer los
responsables que deberán sufragar el costo de obras. En forma absolutamente
mayoritaria los vecinos dieron su aprobación en el censo efectuado
Más que un registro de oposición a
la obra, era de aceptación ya que la mayoría de los vecinos inscriptos
aceptaban el pago adelantado y al contado. Las autoridades municipales se
hacían cargo de una serie de obras complementarias, estando a cargo de los
propietarios la carpeta asfáltica.
El periodismo también apoyaba la
iniciativa considerando que está fundamentada en la necesidad de adaptar a
nuestra arteria principal a la dinámica que estaba tomando nuestra ciudad; “es
indudable -decía Tribuna- que se hace necesaria la agilización del tránsito en
esta avenida. Muchos líricos añoramos las viejas estructuras pueblerinas con
sus ramblas y sus palmeras, pero ello no es inconveniente para que concibamos a
la ciudad de hoy con la necesidad de adaptarse a la concepción moderna de las
grandes ciudades”. “Por eso aceptamos ese cambio; porque el mismo dará a
nuestra ciudad una fisonomía distinta realzada por los edificios horizontales
que se están construyendo”, concluía el diario.
La ejecución de estas obras no
estuvo exenta de críticas, porque en las cuadras en que debió removerse el
empedrado, nunca se lo pudo unir con la nueva capa asfáltica que cubría el
espacio de las ramblas. Además, el material utilizado no era el apropiado ya
que se trataba de una brea que los días de alta temperatura se derretía. Se
hicieron varios intentos que no dieron resultados, hasta que al final una capa
asfáltica cubrió empedrado y ramblas y llegó la solución para esa supuesta “modernidad”
que era tener amplias avenidas.

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