27 jun 2026

LA MISERIA EN LOS FORTINES Y LA CORRUPCIÓN MILITAR


 

Una calle de nuestra ciudad tiene el nombre de Álvaro Barros, que fue Jefe de la Frontera Sud y que, más allá de haber estado enfrentado con Mariano Roldán, denunció la corrupción en el Ejército Argentino y defendió el concepto de integración con los indígenas.

Roldán le reclamaba a Barros una defensa más eficiente de la frontera, pero las condiciones no estaban dadas. Los fortines creados en las avanzadas militares de los últimos tiempos de la frontera eran, generalmente, pequeñas y precarias construcciones de vigilancia, muchas veces formadas solo por un montículo de tierra, un mangrullo y un rancho con lugar para cuatro o cinco milicianos y un cabo o un sargento. Estaban equipados con un cañón que no servía para derribar la entrada de los indígenas, pero sí para disparar y hacer el ruido que alertara a los fortines cercanos sobre un inminente peligro.

Sobre las condiciones del personal en esos fortines, Barros afirmaba: “Imagínese usted a un soldado mal vestido, casi desnudo, al raso completamente, en medio de los rigores de un invierno harto cruel, sin lumbre que calentara sus miembros ateridos, y más que todo sin el alimento necesario para la conservación de sus fuerzas; imagínese todo esto, digo, y tendrá una idea más o menos exacta de lo que acá se ha sufrido”.

Por otra parte, señalaba que una de las fuentes de la corrupción en la campaña, era la provisión de alimentos y mercaderías a los naturales. Barros demostró cómo un grupo de comerciantes impusieron la elección de un juez de paz amigo en Azul, lo que les permitió seguir negociando con los indios los ganados robados en malones, como así también las raciones que el gobierno entregaba a los indios amigos para su manutención.

Denunciaba también que la responsabilidad de los malones recaía sobre “El Gobierno [que] manda entregar raciones a los indios, con el objeto que vivan de ellas sin necesidad de robar. La imprevisión con que se procede a su entrega ha permitido que los encargados y los proveedores puedan abusar libremente. Vencido el plazo, la entrega no se hace; los indios esperan, reclaman, van y vienen y nada consiguen, hasta que cansados y apurados por la necesidad convienen con el proveedor en recibir el todo en dinero o una parte en dinero y otra en efectos. En dinero vienen a recibir apenas un 10% del valor de los artículos y éstos de tan mala calidad y tan escamoteados, que poco más o menos sufren la misma rebaja. Lo que no venden al proveedor lo entregan con igual desventaja a otros, en pago de tejidos u otros efectos que sobre esto les dan al fiado; y despojados así de este recurso, van luego a desquitarse en los intereses del hacendado”.

Álvaro Barros fue Diputado Nacional y en 1875 denunció las irregularidades en el Congreso Nacional, afirmando que es uno de los ejércitos “… más deficientes y atrasados, es el más caro del mundo. (...). Mientras que el soldado alemán cuesta $ 199 fuertes por año, el argentino cuesta $521 y mucho más en tiempo de guerra, y sufre como ninguno y en todo tiempo, todo género de necesidades y miserias”.

Inició un juicio contra un proveedor del Ejército, pero este fue cerrado por orden del Ministerio de Guerra. En respuesta, Barros solicitó la baja militar, por entender que “Vuestra Excelencia considera inútiles mis servicios y no debo continuar siendo gravoso al Estado”.

    La corrupción en la Argentina viene de muy lejos…

 

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