Protagonistas de la máxima tragedia en los campos de Juárez fue, sin dudas, el cacique Yanquetruz, un tehuelche con experiencia y capacidad para el combate, conocido por Yanquetruz “el joven”, cuyo nombre real era José María Bulnes Llanquetruz, que tenía en su haber la inmolación del teniente Coronel Nicanor Otamendi y 126 oficiales y soldados que comandaba, en la batalla de San Antonio de Iraola, donde además perdieron la vida más de 300 indios.
Tan inusitada es su historia que fue el único cacique que aprendió a leer
y escribir y que signaba con su firma la correspondencia y los tratados con
autoridades.
Precisamente en esa comunicación ejercía la diplomacia para hacer
acuerdos y era fundamental la negociación que no se realizaba cara a cara, sino
con mensajes epistolares que intercambiaba con los militares.
A través de los años, eran frecuentes las versiones de los
investigadores, sospechando que muchas veces la sangre reemplazaba la tinta,
cuando Yanquetruz escribía.
El triunfo en San Antonio de Iraola consagró el prestigio de Yanquetruz
hacia adentro de la población indígena. Calfucurá, que alguna vez fue su
suegro, lo celaba.
Su capacidad para negociar, generaba ese continuo vaivén que lo llevaba
del combate furioso al pacifismo. En uno de esos momentos en que pregonaba la
paz con el gobierno, en el año 1856 le escribe una carta al Comandante del
fuerte de Carmen de Patagones, Benito Villar, en donde le pide víveres, y una
paga para algunos de sus jefes ofreciendo a cambio la tan ansiada paz.
Esa es la carta en cuestión para la que no usó tinta, sino sangre. La
correspondencia de esa etapa, redactada por el escriba Marques Bravo,
constituye un valioso muestrario de las formas políticas de la época.
Nadie dudaba que era sangre. Algunos afirmaban que la sangre seguramente
sería de algún animal, otros que podía ser humana. Allí surgían las preguntas:
¿El motivo fue que no había tinta o que la intención era darle un tono de
mayor compromiso al contenido referido a procurar un entendimiento pacífico con
el gobierno?
¿Científicamente se comprobó si era sangre humana?
Seguramente el Libro, que estaré presentando el viernes próximo, sobre la
azarosa vida del cacique Yanquetruz, nos va a develar este interrogante que
duró más de 160 años, y muchos más, para saber quién fue ese personaje que
generó un hecho trascendente en la historia del partido de Juárez.
Era una figura distinta, Yanquetruz no era un hombre común, pues en su
corta vida desarrolló una extraordinaria trayectoria de relaciones sociales,
políticas, de combate y diplomacia poco usuales en su tiempo.
De no haber
fallecido a tan temprana edad, tras haber hecho las paces con el gobierno de
Buenos Aires, pudo haber sido el hombre en óptimas condiciones de poner fin a
la Confederación Indígena de Calfucurá, entonces al servicio de Justo José de
Urquiza, quince años antes de producirse su muerte. -

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