1 mar 2026

PATAGONIA REBELDE: EL UNICO MUERTO DEL EJERCITO ERA DE JUAREZ

 


    La «Patagonia rebelde» también conocida como la «Patagonia trágica», fue una violenta represión de huelgas obreras en Santa Cruz. Entre 1920 y 1921, la Patagonia se convulsionó con los movimientos de huelga y protesta rural más dramáticos del siglo XX. En las estancias, los grandes propietarios imponían condiciones de trabajo inhumanas que despertaron tanto en el campo como en las ciudades una oleada de paros, tomas y boicots que acabaría en tragedia. La inusitada represión, que arrojó un fusilamiento masivo de entre 1000 y 1500 obreros, constituye uno de los hechos más graves de violencia contra los trabajadores durante un gobierno democrático argentino. El presidente, Hipólito Yrigoyen envía al Teniente Coronel Héctor Benigno Varela para conocer la situación, quien le confirma que los motivos de la protesta son verdaderos, salarios miserables y condiciones infrahumanas impuestas por los estancieros.

    Por presión de los terratenientes y la embajada de Inglaterra, llegan a un acuerdo, creyendo que esa era la solución. Pero ni bien se retira Varela del territorio, no solo los terratenientes no cumplen el pacto, sino que lo endurecen.

    La presión política sobre Yrigoyen crece y envía nuevamente a Varela con un batallón de soldados a combatir a los huelguistas. La estrategia era llamar a los lideres para pactar, de inmediato los apresaba y en el Cañadón de los Muertos, subían a los huelguistas y los fusilaban.

    Solo hubo un combate. Fue en la estación ferroviaria Tehuelches el 20 de diciembre de 1921. Allí se acercó un grupo de peones, liderados por José Font a quien llamaban “Facón Grande”, sin advertir que en el vagón estaba la tropa oficial, que abrió fuego. En ese enfrentamiento que se extendió a los alrededores de la estación Jaramillo, los obreros se enfrentan con el batallón 10° de Caballería “Húsares de Pueyrredón” en el que, como soldado conscripto, estaba el juarense Fernando Pablo Fiscer de 21 años de edad, que era uno de los preferidos del Jefe Varela. Los huelguistas hicieron pie en tierra y contestaron el fuego, generalizándose un intenso tiroteo. La primera ráfaga del ejército costó a los huelguistas tres muertos. Cuando Varela vio caer al soldado Fiscer y a otro, de apellido Salvi, que había quedado fuera de combate, ordenó la retirada.

    El soldado Fiscer había sido imprudentemente colocado por su jefe en el centro del camino donde su silueta se destacaba nítidamente formando un blanco demasiado visible. Recibió un balazo en la boca que le produjo la muerte horas después. “Facón Grande”, es el autor de la muerte del soldado Fiscer y cada uno de los soldados conscriptos se siente vengador y quiere hacerle pagar bien caro lo que ha hecho.

    Era un día de intenso viento. Luego de un tiempo y como cayera herido el soldado Fiscer que había avanzado cuerpo a tierra, otro soldado arrastrándose lo tomó y lo trajo al vehículo y entonces Varela resolvió replegarse. Herido como estaba Varela lleva a Fiscer sentado en el asiento trasero del auto, recostado y respondió muy nervioso: «Me han matado a este muchacho, pero me lo van a pagar bien caro». Varela ya no era el hombre tranquilo y optimista que había pasado horas antes.

    Fiscer fallecerá pocas horas después, en Puerto Deseado a donde se lo trasladó en tren, por el balazo que le ha atravesado la garganta. «Cuando se sintió herido de muerte −dice Várela en su parte− este bravo soldado, temple de argentino, tuvo aún fuerzas para gritar: “¡Viva el 10 de Caballería!”».

    Varela, tras presenciar el velatorio del conscripto Fiscer, decidió convocar al jefe de los huelguistas a Jaramillo para negociar un acuerdo. “Facón Grande”, impulsado por un comerciante de la zona, aceptó el diálogo. Apenas se presentó frente a Varela, le ataron las manos por la espalda y lo fusilaron en un cañadón. Sus compañeros también fueron muertos por el Ejército, y sus cuerpos, quemados con combustible.

    Los restos del soldado Fernando Pablo Fiscer están sepultados en el cementerio de Juárez con la placa que ilustra esta crónica.

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