La «Patagonia rebelde» también conocida como la
«Patagonia trágica», fue una violenta represión de huelgas obreras en
Santa Cruz. Entre 1920 y 1921, la Patagonia se convulsionó con los movimientos
de huelga y protesta rural más dramáticos del siglo XX. En las estancias, los
grandes propietarios imponían condiciones de trabajo inhumanas que despertaron
tanto en el campo como en las ciudades una oleada de paros, tomas y boicots que
acabaría en tragedia. La inusitada represión, que arrojó un fusilamiento masivo
de entre 1000 y 1500 obreros, constituye uno de los hechos más graves de
violencia contra los trabajadores durante un gobierno democrático argentino. El
presidente, Hipólito Yrigoyen envía al Teniente Coronel Héctor Benigno Varela
para conocer la situación, quien le confirma que los motivos de la protesta son
verdaderos, salarios miserables y condiciones infrahumanas impuestas por los
estancieros.
Por presión de
los terratenientes y la embajada de Inglaterra, llegan a un acuerdo, creyendo
que esa era la solución. Pero ni bien se retira Varela del territorio, no solo
los terratenientes no cumplen el pacto, sino que lo endurecen.
La presión
política sobre Yrigoyen crece y envía nuevamente a Varela con un batallón de
soldados a combatir a los huelguistas. La estrategia era llamar a los lideres
para pactar, de inmediato los apresaba y en el Cañadón de los Muertos, subían a
los huelguistas y los fusilaban.
Solo hubo un
combate. Fue en la estación ferroviaria Tehuelches el 20 de diciembre de 1921.
Allí se acercó un grupo de peones, liderados por José Font a quien llamaban “Facón
Grande”, sin advertir que en el vagón estaba la tropa oficial, que abrió fuego.
En ese enfrentamiento que se extendió a los alrededores de la estación
Jaramillo, los obreros se enfrentan con el batallón 10° de Caballería “Húsares
de Pueyrredón” en el que, como soldado conscripto, estaba el juarense Fernando Pablo
Fiscer de 21 años de edad, que era uno de los preferidos del Jefe Varela. Los
huelguistas hicieron pie en tierra y contestaron el fuego, generalizándose un
intenso tiroteo. La primera ráfaga del ejército costó a los huelguistas tres
muertos. Cuando Varela vio caer al soldado Fiscer y a otro, de apellido Salvi,
que había quedado fuera de combate, ordenó la retirada.
El soldado Fiscer había sido imprudentemente colocado por su jefe en el
centro del camino donde su silueta se destacaba nítidamente formando un blanco
demasiado visible. Recibió un balazo en la boca que le produjo la muerte horas
después. “Facón Grande”, es el autor de la muerte del soldado Fiscer y cada uno
de los soldados conscriptos se siente vengador y quiere hacerle pagar bien caro
lo que ha hecho.
Era un día de
intenso viento. Luego de un tiempo y como cayera herido el soldado Fiscer que
había avanzado cuerpo a tierra, otro soldado arrastrándose lo tomó y lo trajo
al vehículo y entonces Varela resolvió replegarse. Herido como estaba Varela
lleva a Fiscer sentado en el asiento trasero del auto, recostado y respondió
muy nervioso: «Me han matado a este muchacho, pero me lo van a pagar bien
caro». Varela ya no era el hombre tranquilo y optimista que había pasado horas
antes.
Fiscer fallecerá
pocas horas después, en Puerto Deseado a donde se lo trasladó en tren, por el balazo
que le ha atravesado la garganta. «Cuando se sintió herido de muerte −dice
Várela en su parte− este bravo soldado, temple de argentino, tuvo aún fuerzas
para gritar: “¡Viva el 10 de Caballería!”».
Varela, tras
presenciar el velatorio del conscripto Fiscer, decidió convocar al jefe de los
huelguistas a Jaramillo para negociar un acuerdo. “Facón Grande”, impulsado por
un comerciante de la zona, aceptó el diálogo. Apenas se presentó frente a
Varela, le ataron las manos por la espalda y lo fusilaron en un cañadón. Sus
compañeros también fueron muertos por el Ejército, y sus cuerpos, quemados con
combustible.

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